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ojos adánicos

Cuando, despierto ya el día,

el jardín ofrece églogas melodías,

el viento se vuelve tormento

de la cabellera dormida,

despiertan los ojos adánicos

llenos de luz y sin lengua,

quisieran decir:

“ya, incandescente brillo,

deja que cierre el párpado

y vuelva a la cama”.

raíces

Se secó el año pasado y aunque floreció por última vez en primavera, murió en enero. Son como cuerdas que sostienen el árbol, tensas, bajo la tierra dura, apisonada. Sacarlas no es sencillo. No entiendo por qué Hemingway eligió la metáfora del iceberg. Aquí, no muy lejos, un árbol invertido me espera bajo tierra y decido desenterrarlo.

Miro por la ventana ahora, después de cerrar el pozo, como si acabara de enterrar un muerto.

¿Quedará en la tierra la memoria del vacío que dejaron sus raíces?

Colibrí

Y en los chorros de flores mitigaban su deseo de Dios los colibríes.

Miguel Ángel Asturias, “Leyenda del tesoro del Lugar Florido” (Leyendas de Guatemala)

Abierta la ventana
entra la madrugada fría
y al golpe del hibisco en la mirada
me sorprende un pica-flor
colgando del aire

Pienso que escapa
pero se suspende frente a las flores rojas
come para mitigar la ausencia de dios

Trago la mañana
busco en sus ojos-brillo
alguna señal
que me niegue que moriré sin remedio