IV

Los niños escriben sonetos. Uno de ellos se afeita las cejas, y lee ante un público numeroso. Una niña se toca bajo la pollera, emocionada por la composición. La voz del poeta le parece áspera, como el roce con el nylon. El resto de los niños aplaude a coro. El soneto la envuelve. La niña finalmente se ahoga. Hacen eso los sonetos, claro, en un público selecto, cuyas ocupaciones son el silencio y el susurro cómplice.

Unknown's avatar

Author: alejandro gortazar

Profesor e investigador de teoría literaria y metodología de la investigación en la Universidad de la República (Uruguay). Editor de la página web y editorial sujetos

Leave a comment

Design a site like this with WordPress.com
Get started