Se secó el año pasado y aunque floreció por última vez en primavera, murió en enero. Son como cuerdas que sostienen el árbol, tensas, bajo la tierra dura, apisonada. Sacarlas no es sencillo. No entiendo por qué Hemingway eligió la metáfora del iceberg. Aquí, no muy lejos, un árbol invertido me espera bajo tierra y decido desenterrarlo.
Miro por la ventana ahora, después de cerrar el pozo, como si acabara de enterrar un muerto.
¿Quedará en la tierra la memoria del vacío que dejaron sus raíces?