La poesía es un juego de niños. Odio a los poetas de esta ciudad. Se van por las ramas, y cuanto más suben, el culo más se le ve. Los odio porque se les fue de las manos, y llevaría mucho trabajo amarrarla otra vez. Odio a los poetas de esta ciudad. Porque son perezosos. Porque no va más. Porque tiembla el piso, y los quicios ya no son seguros.