Bordes. El límite de una presunta caída, la náusea del vértigo, la espera insoportable. El voyeur cruza la frontera tartamudeando. Los niños juegan en el jardín de jazmines, fritándose al sol. El sexo de unos es el sexo de los otros. Ya no le importan, no sabe a dónde va, ni por qué. Ya no importa la República de los niños. Los jardines le provocan náuseas. Es ciudadano de la mierda, de las moscas, de las manos sucias. Este es el tiempo de los niños ¡qué vuelvan las manos!